domingo, 28 de enero de 2018

Máquinas de "venening"

Ando bastante relajado de actividad aquí en las publicaciones, lo sé, me está costando más de lo normal.

El intentar tirar para adelante otras cosas, el dedo que no me deja hacer todo lo que quisiera y las pocas ganas...me tienen más adormilado de lo normal.

Eso no quiere decir que no esté siempre al acecho, observando de donde sacar un tema o dedicándome a otras cosas que podrían resultar interesantes para leer: cocinar, informarme sobre alimentación y siempre estar nutriéndome de eso que llaman "movimiento".

El tema que hoy pongo a la palestra a mí me llama mucho la atención. Ya lo había visto en las calles, en el aeropuerto, incluso en hospitales... y el otro día en el pasillo de la academia, mientras hacíamos el descanso "para el café y cigarro, pasapalabra". No sé a vosotros, pero a mí ejercitar el músculo cerebral me da un hambre canina.
Allí estaba ella, desafiante, sonriendo para ver si picaba: la máquina de vending! O lo que es lo mismo, la máquina expendedora, de toda la puta vida, vamos.

Me resulta curioso como proliferan y aguantan. Sus reclamos, simples: bajo precio (al menos en las de café), disponibilidad prácticamente 24 horas y cosillas para picar cuando no tienes nada más a mano.

Retomo la anécdota del descanso del otro día. Salgo directo a ver qué se me ofrecía...y lo más sano que vi fueron unas almendras fritas con sal. El resto, podéis imaginaros, lo usual: galletas dulces y salados, bocadillos (sí, también destacar que los vegetales llevan huevo, jamón y atún...que crecen de los árboles), frutos secos fritos, mogollón de refrescos azucarados y por suerte, agua. 
Al final, resolví con un café solo (que podría pasar por brea rebajada en agua).

Creo que ha llegado un momento en que nos han engañado de tal manera, como han querido, que vemos de lo más normal comer a diario, y a discreción, productos ultraprocesados, dulces, fritos en aceites de dudosa calidad y que nos olvidemos de la comida de verdad, la comida real. 
Podría dar aquí un discurso sobre ello, pero eso depende de cada uno. Y ojo, no digo que de vez en cuando uno no caiga en la tentación (soy humano), pero no debería ser la norma.

Consejos para luchar contra eso? Llevar algo encima. Frutos secos, por ejemplo, saciantes y ocupan poco (sí, 5-6 almendras o nueces no me jodas que no caben en un bolsillo de una mochila). Fruta: ay no, es que mancha. En serio? El plátano y las mandarinas van con su propio envoltorio. Y si no, recurre a la deshidratada, que ocupa poco, al igual que los frutos secos. 
Haz tus propias galletas o barritas de cereales/semillas, sabrás lo que llevan. O yo soy un fanático de los bizcochos...y sí, es dulce, ocasional, pero sé exactamente lo que le pongo.

A mí me parecen apetecibles... | Fuente: Internet


No tiene por qué ser un secreto, y el otro día me acordé. De pequeño tuve muchos problemas de peso, y una vez una endocrina me dijo: "para comerte un Bollicao, cómete una mierda del suelo". Extremista? Tal vez, pero no le quito parte de razón.




2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Sin lugar a dudas, y sin pelos en la lengua! Pero créeme, a esa edad, su ejemplo me fue muy claro. Gracias por tu comentario :)

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