domingo, 16 de abril de 2017

Lo simple no tiene por qué ser fácil

Éstos días de fiesta para algunos, veo gente en bicicleta o corriendo y pienso: "joder, qué envidia". Con el tiempo algo justo por eso de trabajar, aprovecho el ocio que me queda y busco otras formas de seguir mejorando o aprendiendo cosas nuevas.

Hablaba no hace mucho con un amigo de algo que hizo darme cuenta de una cosa básica: lo más simple no está exento de dificultad.
Soy pésimo haciendo flexiones, no me avergüenzo de ello, no llego ni a diez seguidas hasta que llevo un tiempo trabajándolas, mejor o peor. 
Normalmente, y me refiero de alguna forma a los que somos más autodidactas, haces las cosas como buenamente puedes mientras no te haces daño. Es posible que después de un tiempo, de alguna manera (ya sea un compañero, amigo o tal vez un vídeo) descubres como sería la forma "correcta" de hacer un ejercicio, en éste caso una flexión.
Y entonces te envalentonas... haces dos y casi colapsas. Sudor corriendo por tu frente, te tiemblan los cachetes del culo que casi no aguantas ni los pedos y echas rodilla al suelo.
Llegado ese momento, piensas que estás acabado, pero lo mejor es tomarlo como un aprendizaje y un reto a superar, y hace la práctica de algo que a lo mejor te aburría, en algo nuevo e interesante.
Ya no sólo es el componente físico, sino que interviene el mental. Estar pendiente de tener la espalda neutra, apretar las piernas, colocar bien los brazos e iniciar el movimiento por los hombros en vez de solo mover los codos.

Otro ejemplo podría ser el hacer algo tan simple como una sentadilla. Pero no la sentadilla de noventa grados que enseñan en la mayoría de sitios, no. La profunda, hasta abajo. La que viene de nuestros ancestros ya que era la posición de reposo para muchas acciones cotidianas: comer, descansar, trabajar con las manos. 
No es fácil mantener ésa posición prolongada en el tiempo, y llegar ahí requiere un trabajo complejo y diferente, al que no estamos acostumbrados.

Probad con la propiocepción o hacer equilibrio, otro gran olvidado por muchos. O dadle una vuelta de tuerca más y animaros con el slackline, una de las cosas más difíciles y divertidas que he podido probar (al menos para mí).

Buscar los puntos débiles de uno mismo y enfocarse en hacer más cosas "útiles" para nosotros fuera de lo habitual y dejar la búsqueda de un cuerpo escultural o el aniquilar calorías. Sí, me encanta montar en bicicleta y trotar (a pesar de parecer un ornitorrinco), pero también tengo una movilidad pésima. Entonces, cuando voy más apretado de tiempo, aprovecho para trabajar en ello...y a la vez, me permite disfrutar de un rato en el que sólo pienso en eso o estoy desconectado del mundo.