domingo, 26 de febrero de 2017

Sé un héroe del pedal siempre que puedas

Las cosas se pueden explicar de diferentes maneras. Puedes ir por la vía rápida, como un cuchillo bien afilado o bólido de carreras y soltarlo sin más: ayer aproveché una consulta del médico para subir una buena cuesta en bicicleta.

O puedes armarte de retórica, poesía barata digna de un todo a cien y adornarlo e intentar hacer que algo insulso, aunque sea una boñiga, parezca bonita y oye, hasta que huela bien. Con toda la épica de la que puedas hacer acopio, como Asurancetúrix cantando a Astérix y Obélix, como saltar unas escaleras con monopatín y aterrizar con tu agujero místico en la barandilla...suena heroico? Allá vamos!

Venga, a darlo todo!!!!

Amanece, que no es poco. Eso proviene del cine. Con el astro rey ya alto en el cielo, me dispuse a devorar el desayuno para cargar mi fornido cuerpo (oye, esto es un relato fantástico, dejadme ser fornido...la realidad es dura y ya sé que voy camino al desguace) de alimentos ricos en carbohidratos, aunque a decir verdad, no tengo ni idea de los nutrientes que formaban mi desayuno, solo me puse tibio a comer y punto.
Elegí la equipación en función de la salida. Hacía sol, un poco de frío y corría algo de aire. Me parece que voy a coger un windstopper con compresión, el culotte con badana pro y las zapatillas de entretiempo. Claro, cogería eso si lo tuviese, esto era un desplazamiento sin más, así que iba vestido de calle, con el casco y una mochila, para una vez aparcado poder guardar sillín y casco en ella.
La bici escogida según el perfil...la recadera, la "urbana" de la casa, sin más. Esperabais carbono, ruedas de perfil o algo por el estilo? O una crónica de como despedazar KOMs ajenos en Strava? A estas alturas, creo que ya conocéis un poco mi filosofía.

Bajo heroicamente por el ascensor y me planto en la calle. Los dioses del Olimpo me observan desde su atalaya, a mí, mísero mortal, a punto de empezar mi recorrido.
Me subo en la bici y: "uffffff, esto va a ser interesante...tengo las piernas flojuchas".
Empiezo el trayecto eligiendo al principio bastante llano, y después bajada hasta el carril bici que discurre paralelo al río Lérez. Hasta ahí me sentía vigoroso, fuerte como un toro, cual Hércules que se enfrenta al león. Mis piernas y la bicicleta eran una máquina perfecta a la que nada se le podría haber enfrentado.
Hasta que llegó la primera subida. Apenas unos metros. Miro el reloj y veo que el tiempo se me viene encima: "cagontó...apenas he recorrido un par de quilómetros y me ha llevado todo este tiempo?".
Empiezo a parecerme a Patán, el perro que iba acompañando al villano de Los Autos Locos. Los jadeos son música para los oídos de El Tío del Mazo, que anda esperándome escondido detrás de las farolas, árboles y cualquier recodo que encuentra.

Más o menos iba yo así, pero encima de un velocípedo.



Consigo llegar a un llano y me recupero poco a poco. Respira hondo majo, ¿querías café? Aquí viene la segunda taza!

Ooooooooooootra subida. Esta ya la conozco bien, es la carretera que me lleva directa al hospital. Por suerte llega ahí, así que si llego deshecho, solo tienen que recogerme en la puerta!
Consigo poner de acuerdo a la cabeza, los pulmones y las piernas, cosa que a veces es complicado. Alcanzo un ritmo crucero que puedo mantener y en mi mente se filtran imágenes de El Pirata subiendo puertos, al que sólo me parezco por mi calva y un pendiente en la oreja. La clase, es algo que se adquiere con mucho trabajo o se nace con ella...yo carezco de ella por completo.

Alcanzo la cima de Montecelo. Aparco la bici. Estoy digno de anuncio, o más bien de desahucio. Un trayecto que todo bravucón y altanero dije en casa que no sería nada, me llevó media hora. Una camiseta chorreando que tuve que guardar y entrar al hospital como pude con la sudadera (y maldiciendo mil veces por no hacer caso de los consejos antes de salir). Unos jadeos épicos, como un órgano de película de terror sonando a todo volumen. Sólo me faltó gritar en la puerta: "oiga, ¿alguien tiene un Ducados y una copita de orujo?".
Me habría gustado que al llegar me hubiese animado en la subida Rémi Gaillard a grito de Allez Richard! , pero nada, el galo no pasaba ese día por ahí.


Arriba, la recadera posando orgullosa de su gesta. Abajo, vista de Pontevedra, esa bajada me vino de lujo de vuelta a casa.


Llegué, que es lo que importa. Y así fue como un simple trayecto de algo aburrido se convirtió en una aventura y un reto más cumplido, otra muesca en la memoria.
El ciclismo urbano, o mejor llamémosle moverse en bici, es simple. Tienes una bicicleta, piernas y un casco? Adelante. Creo que hay que preocuparse menos por la bicicleta o ropa que uses. Al fin y al cabo, no tienen las piernas memoria? Pues yo a las mías no voy a dejar que se olviden, qué forma de sufrir!

Os contaré un secreto de ciclista punkarra, o mejor dicho, de alguien que le gusta montar en bici. Para mejorar se necesita una cosa: salir un día, y al siguiente, y al otro, y al otro...


BONUS TRACK: os dejo el enlace del vídeo del bueno de Gaillard en su broma del Tour de Francia...sin desperdicio hehe.