domingo, 21 de mayo de 2017

Lo esencial para correr

Una noticia me va a ir de perlas para hablar del tema de esta semana. En pocas horas se ha extendido como la pólvora, y me gusta por varios motivos: la protagonista es mujer y defiende a ultranza la esencia de lo que ando buscando en el deporte. Aquí dejo el titular:

"Una mujer tarahumara gana un ultramaratón en México sin equipación deportiva".

María, de 22 años, sólo con sus huaraches, una camiseta, un pañuelo, una falda y una botellita de agua. Fin. Ni relojes, ni pulsómetros, ni mallas de compresión, ni mochilas de hidratación de cientos de euros. Su cuerpo y sus vestimentas comunes, sin más.

Ahora muchos me saltarán al cuello y me dirán que claro, que es tarahumara, que este pueblo tiene una predisposición a ello...quizás, vale. Pero no corren para ser mejor que el resto, se lo toman como un juego. No entrenan, corren porque les hace felices. Por cierto, si queréis conocer un poco más de los tarahumaras de forma amena, os recomiendo el libro Nacidos para correr.

Huaraches, el calzado usado por los tarahumaras.

Cada día, cuando salgo a la calle el panorama que veo es el mismo. Gente corriente disfrazada, cargada de mil y un dispositivos para monitorizar su actividad. Y ojo, que los que lo hacen para competir y optimizar su entrenamiento, pues no está mal un poco de control. Pero estoy hablando de gente corriente, el grueso que formamos el populacho que practicamos algún deporte (léase montar en bicicleta, correr, trotar, caminar y un largo etcétera).
Es común que se lleve el teléfono (que cada vez son más grandes, por cierto) atado al brazo o en una riñonera (sí, yo también lo llevo, mayormente por si tienen que localizarme o me pierdo en la montaña, quiero llevar un GPS encima). También suele llevarse un pulsómetro. Posiblemente vaya con auriculares puestos. Los más equipados, seguramente llevarán uno de esos bidones que se llevan con un asa especial en la mano.
Ropa de varias decenas de euros, a la última.
Y cada vez que paran, es como escuchar una máquina que acumula fallos por todas partes, pitidos y pitidos de sensores que se ponen en reposo o paran...y ya no hablemos de voces robóticas que avisan del estado del entrenamiento. 

Llegó un momento en el que quise decir basta a todo esto, y decidí convertirme, como yo lo llamo, en un deportista punkarra. No necesito mil cosas para hacer lo que quiero, de toda la vida se sudó con camisetas de algodón y nadie murió en el intento, no? Mallas de compresión? Llevo las mismas de hace por lo menos ocho años, y hasta que no se me vea el culo de mandril que tengo, dudo que compre más. 
El pulsómetro lo vendí, por cierto, a un chico que competía en atletismo. Seguro que a él le hace más servicio que a mí. Cuando veo que el corazón me va a salir del pecho quiere decir que voy muy fuerte, o sino, hago los típicos chequeos de ir silbando o hablando cuando corro o pedaleo. Son gratis, no pesan y no ocupan sitio.
Mis zapatillas de asfalto y montaña son las mismas. Que de hecho, son las mismas de uso diario y con las que trabajo. Alucinante, no? Solo me ocupan un hueco en el armario o en un rincón de la habitación. 

Y así podría seguir todo el día. Hay cosas indispensables de las que no se puede prescindir, está claro. En bicicleta necesitamos un casco, y yo no descarto una buena iluminación para ser visto...pero poco más, que más da como vayamos vestidos, si lo que queremos es pedalear? Y para correr? Un pantalón, una camiseta, unas zapatillas y las llaves al bolsillo, lo justo para echar un rato (recuerda, hablo de alguien que lo hace para estar en forma, desconectar, pocos kilómetros y relativamente cerca de su casa).

Creo que la esencia de lo que hacíamos antes, la tiene María. Lo más importante que necesitas para practicar deporte es tu cuerpo. El resto? Con las ganas ya llevas la mejor equipación posible ;)