domingo, 14 de mayo de 2017

En busca del Taller perdido

Si te encuentras muy mal vas al médico, cierto, no? Pero y si la que se encuentra mal es tu bicicleta, qué haces? Y no me refiero a que estornude, no te vayas por las ramas que ya me has entendido! Suelta el ibuprofeno, ella no necesita eso!

Encontrar un buen taller es como buscar una aguja en un pajar, depende de como lo enfoques y busques, puede llevar mucho tiempo. Por eso, voy a dejar por aquí unos pequeños consejos (que a mí) me funcionan a la hora de tener que afrontar ese reto. 

1) Si no hay química, olvídate: has entrado alguna vez en algún taller en el que te has sentido echado a patadas? O en el que te arrepentiste luego de entrar? Podría poner mil ejemplos que he sufrido en mis carnes, pero no vendría al caso. Si el mecánico o tendero es amable, para mí ya es un suficiente raspado. Si por encima es simpático, te ha tocado la lotería. Tal vez no estés allá metido todos los días, pero quieres encontrarte a alguien al que cuando le expliques el problema que te ha surgido te entienda, te ofrezca soluciones e irte tranquilo a casa a morderte las uñas mientras esperas a recoger tu bicicleta de nuevo (sí, para algunos eso es un trauma).

2) Precios justos: lee bien de nuevo, sí, justo. No estoy diciendo barato, ni caro. Creo que con los años han surgido negocios que te sangran por hacer un mal trabajo, pero también que hay mucho consumidor espabilado que intenta ratear al límite por el trabajo ofrecido por el que se gana la vida arreglándote la bicicleta. Le pedirías un descuento al chófer de autobús por hacer el trayecto de siempre? Pues ese chic@ en el taller a parte de arreglarte la avería, tiene que pagar luz, agua, alquiler del local, etc. En pocas palabras: no le jodas (y te tratará como mereces).

3) Reseñas o recomendaciones: en internet hay mucho bicho suelto, sí, pero a veces es bueno leer las reseñas que ofrece Google de un taller si no conoces bien la zona. O lo de toda la vida, un amigo te recomienda un sitio porque él es donde lleva su bicicleta. Al final tú vas a decidir quien toca tu montura, pero los consejos son gratis...o eso dicen.

4) Que no te miren mal por llevar según que bicicleta o lo que pides: sí, me he encontrado de estos también, a patadas. Ir a buscar X recambio para una bicicleta ya "clasicona", y salir de allí con la sensación de una patada en el culo. O entrar con X bicicleta y ya te están fusilando en la entrada. No se debería juzgar a todo el mundo por lo que lleva...tal vez no tiene más presupuesto para ello.

5) Buenas sensaciones: si entras en el taller y ya te da buen rollo, eso es buena señal. Tal vez la decoración del sitio plasma un poco la actitud o gustos del tendero. Además, si tiene una filosofía similar a la tuya, sabrá que ofrecerte o aconsejarte cuando necesites de sus servicios. Prefieres dejarle la bicicleta a un desconocido o a un colega? Eso sí, no seas cabrón e intentes ratearle o sangrarle...te encontraré. 

Detalle del quirófano de Cycling d'Aro, mi taller de confianza en la Costa Brava.


A parte de estos consejos, creo que también hay que aplicar ciertas fórmulas a la inversa:

1) Sé correcto: aquí englobo varias cosas. No le intentes ratear, o el tío del Mazo te castigará. Sé amable con él, es una persona como tú y se mancha las manos para ayudarte. Sí, también puedes ser simpático con él, no muerde! 

2) Cuídalo: has pensado que de vez en cuando, como es una persona, le puede apetecer una cerveza o un café? Verdad que él está ahí cuando lo necesitas? Lo he dejado claro?

3) Déjate Internet en casa: es que esta pieza en internet vale menos... Ahorratelo, cállate. Sino, vete a casa y háztelo tú. Puedo decir que la mayoría de las veces merece la pena pagar algo más a alguien que se quiere ganar la vida honradamente por que te dé un producto (y seguro que hasta se ofrece a montártelo, y bien, no como tú, manazas) en condiciones que ir de mecánico profesional y acabar con un pisapapeles de una cantidad variable de euros.

Podría añadir más, pero creo que estas son unas directrices básicas a seguir. 

Espero que sigáis dejándome entrar en el taller...