domingo, 19 de marzo de 2017

Engañarse a uno mismo: dopaje.

Siguiendo un poco la dinámica de la semana pasada, voy a exponer otra de mis reflexiones tabernarias.

En el ciclismo de antes, el de la buena época, en el noble, en el que parecía hecho para y por héroes, a los corredores les ponían motes: el caníbal, el tejón, el águila... 
Pero viajamos en el tiempo hasta ahora, y vemos de todo. Desde ciclistas que podrían apodarse "el agujas", hasta los que no tocan su cuerpo pero sí sus máquinas, y podrían ser "el motores".
Dopaje de sustancias o mecánico es lo mismo, pienso que es igual de grave una u otra forma. Hacer trampas. Faltar el respeto al rival ya de por sí me parece malo, pero lo peor de todo es que también lo hacemos con nuestra misma persona.

El tejón.


Una cosa es lo que hagan los profesionales, cuando hay mucho dinero de por medio o vete tu a saber la motivación que les lleva a caer en ésas prácticas, pero que se vea ya en el deporte popular...lamentable. Se les tendría que caer la cara de vergüenza!
En poco más de un año he leído artículos de todos los tipos. Aficionados al ciclismo (ya que al fin y al cabo somos eso, no nos jugamos nada en ello) que se dopan para acabar uno de los eventos cicloturistas del año...no daré nombres, creo que muchos ya sabréis del que hablo.
Corredores que son descubiertos en el metro de una gran ciudad, con el dorsal puesto, mientras corrían una maratón.
Y yo me pregunto: cuando llegáis a casa y os miráis al espejo, estáis orgullosos? 

Los que me conocen saben que puedo pecar de muchas cosas: malhumorado, altivo, borde, y paro porque podría pasarme la tarde. Pero una cosa que no he hecho es faltarme al respeto a mí mismo ni a los que participaban conmigo en algún evento con esos ases sucios bajo la manga.

En la última marcha popular de montaña, no carrera, en la que participé, con mi amigo y compañero de fatigas vimos otra forma de estas prácticas. Participantes a los que pasamos hasta cinco veces porque eran auténticos recortadores del trazado, pero aún por encima, vacilaban al resto de participantes por avanzarles. Creo que hay que tener un problema grave cuando llega el punto en el que incluso en un evento popular, en el que pagas algo simbólico, haces trampa por quedar por delante de otra persona. 

En las pocas marchas o carreras que he participado (aún no me he estrenado en algo a pedales) he visto de todo lo malo, pero también lo bueno. Gente se ha parado a ayudar a otro cuando ha sufrido una caída (de hecho, mi infatigable compañero, ha tirado de mí cuando me he reventado los pies en piedras y raíces), otros que abandonan por diversos motivos, los que tardan más allá del tiempo estimado pero acaban.
Todos éstos para mí, son los que merecen la pena. Los que son justos consigo mismos. Los nobles. Los que se respetan a sí mismos pero también al resto. 
Para mí tiene más mérito el que pasa cuatro horas para correr medio maratón que el pseudopro que tarda una y media, porque ha pasado por mil y un estados en su cabeza, pero ha llegado a meta, y le ves la sonrisa.
El que se cae a los dos kilómetros y no puede seguir, pero aún así ves la determinación en sus ojos de volver a intentarlo al año siguiente.

Anécdotas buenas también las hay con los profesionales. Recordáis al ciclistas de Namíbia que corrió una contrarreloj con una bicicleta "normal"? Seguro que sabía que no tenía nada que hacer, pero ahí se presentó y plantó cara.  
O una llegada a meta muy sonada de una competición de ciclocross, en la que el segundo escoltaba al vencedor, que iba con la bicicleta al hombro. Eso es respeto. Eso es deporte. 

Cada uno tiene sus limitaciones en cuanto a qué puede hacer y lo que no. Hay que ser justo y fiel a uno mismo, y ser digno con el rival, ya que es una persona más, como nosotros. Sin ases en la manga. Sin trampa ni cartón.

Y si queréis vivir una experiencia de las buenas de ciclismo del potente, del de los héroes, del añejo, echad un ojo a la Cavall d'Acer de este año, la cosa promete. Como dice un entrañable compañero, ahí si que habrá acero del bueno.