martes, 3 de enero de 2017

Huyendo (o no) del calendario

Para muchos, el año comienza cuando se empiezan a saber las fechas de las carreras o de los retos que se han propuesto. Para otros es con las campanadas o la fecha de su cumpleaños, pero hay algo que les une, siempre los ojos puestos en el calendario. 

Más de uno habrá hecho un círculo rojo en algunos días de su almanaque, y habrá comenzado a programar las sesiones de entrenamientos que le llevarán a la gloria (o al más estrepitoso desastre) en su día señalado. 

Un día escuché a alguien decir que hacen falta unas diez mil horas, sí sí, diez mil horas, de practicar un deporte en concreto para considerar que se está preparado de alguna forma para ser solvente.
Y en el documental que dejé una vez aquí en el blog un especialista comentaba que se deberían pasar entre tres o cuatro años saliendo y practicando antes de afrontar una competición mínimamente seria. 

Creo que pocos hemos seguido uno u otro caso, creo que hasta el más pintado se ha lanzado a la aventura antes. A algunos les habrá salido bien, a mí personalmente, puedo decir que no del todo. 

Obviamente que he disfrutado afrontando el reto que me haya marcado, pero aún a día de hoy, estoy pagando por ello aunque sea el mínimo precio. 
Molestias en rodillas que ahora hacen que me piense si salir a trotar o no...por suerte, la bicicleta está ahí y pedaleando no sufro. 

Pero a lo que voy, es a lanzar la pregunta al aire: ¿realmente somos conscientes de si estamos preparados o no para afrontar nuestros retos? Sé que es muy romántico eso de superarse a uno mismo, llegar a tus límites y sobrepasarlos y demás, pero a veces nos saltamos a la ligera ese dicho popular de "el cementerio está lleno de valientes".

Concluir con que a veces no es malo que nuestro almanaque se quede sin círculos en rojo por un tiempo, con ello podríamos construir una buena base con la que en un futuro no lesionarnos, disfrutar de lo que hacemos y vivirlo por mucho tiempo. 
Todo depende desde la perspectiva de donde se mire: ¿pedalear por disfrutar de admirar lo que te rodea? ¿No suena tan mal, verdad?