miércoles, 14 de diciembre de 2016

Con la calma chicha, no todo es ir a fundir las zapatillas.

Sí, me he retrasado en esta entrega. La tecnología se ha confabulado contra mí y el disco duro del ordenador de trabajo ha decidido tomarse unas vacaciones indefinidas. Creo que no volverá...

Llevaba ya unos días reflexionando sobre el daño que han hecho las archiconocidas aplicaciones para móviles para deporte, que según en que manos caen, causan más estragos que el Anillo Único sobre Gollum. 
Parece que entonces lo único que importa es salir a todo gas, sin importar el estado de forma, recorrido o demás. Al igual que en un juego de carreras, nos limitamos a pulsar el botón de acelerar estrellando nuestro bólido (que podría ser un buen símil de nuestro cuerpo) contra cualquier elemento con tal de llegar lo antes posible a meta, y si es posible, venciendo a muchos. 

Pero estos últimos días vengo viviendo de la forma contraria, sin preocuparme del resultado y sólo teniendo en mente lo que realmente me preocupa: el movimiento. No sé si vosotr@s, cuando salís, no os maravilláis de poder moveros. El simple hecho de disfrutar de andar, correr, pedalear, nadar. Y si pensáis, que si un día os lo arrebataran de repente: ¿no lo echaríais de menos?

También son días de salir tranquilo, sin importar nada más. Los días de descansar se puede disfrutar incluso de ir a comprar por otro camino y descubrir el entorno, un árbol frutal del que no habíamos advertido su presencia o un minino que nos vigila desde lo alto de un muro, y que seguramente siempre está ahí, pero nos limitamos a vivir tan deprisa buscando rendimiento que nos olvidamos de lo que creo que realmente importa. 

Además, aprovecho que tengo esa rodilla boicoteándome (o dándome una sabia lección) he retomado antiguos entrenamientos que me hacen disfrutar y darme cuenta de que lo realmente importante es el movimiento y tomar el tiempo que se precise para ello. Ya os hablaré de ello, ya...